La papisa Juana

Hay veces que en la narración histórica se entrelazan los personajes reales y los ficticios, sin poder estar completamente seguros de dónde termina lo real y empieza la ficción.

Ese es el caso de la papisa Juana,  un personaje femenino que merecería haber existido, sobre todo por su valentía.
La leyenda dice que aprendió a leer y escribir desde niña (habiendo nacido en el año 822, una época en que cualquier tipo de educación estaba prohibida a las mujeres) a escondidas de su padre y que para poder continuar sus estudios se hizo pasar por hombre, estudiando en un monasterio y llegando a aprender varias lenguas habladas y escritas (entre ellas el griego, lo que le permitió leer la Biblia, de la que en aquella época había muy pocas traducciones), viajar de monasterio en monasterio por toda Europa (visitando, entre otras, Constantinopla o Atenas, donde aprendió medicina) e instalarse finalmente para dar clase en Roma, donde se convirtió en consejero del papa León IV y pronto en su secretario personal. A la muerte de éste, fue nombrado papa, cargo que mantuvo durante dos años.

El final de la historia es triste: quedó embarazada y, aunque consiguió ocultar su estado hasta el final, dio a luz en público, muriendo, según algunos, de parto, según otros, lapidada por el pueblo horrorizado al conocer su condición femenina.

La historia podría ser verdadera si no fuera porque no hay ninguna mención escrita sobre el personaje en ningún documento de la época, y la lista de los papas, de los que si hay registros escritos, grabados y monedas, no deja lugar para un papado de dos años entre León VI y Benedicto III.

Tampoco es fácil creer que en un monasterio, donde los monjes eran todos hombres y tendrían que verse unos a otros aunque fuera parcialmente desnudos al asearse, y donde es probable que hubiera castigos físicos habituales, nadie se diera cuenta de que había una mujer.

Por último, lo que puede ser el punto de partida de la historia: a otro papa, Juan VIII se le llamó irónicamente “la papisa Juana” por su supuesta debilidad de carácter, al igual que a la madre del papa Juan XI, que gobernaba tanto a su hijo como a la Iglesia con fuerte carácter.

Autor: ¿Será cierto?

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